En marzo de 2025, una agencia UX con sede en Basilea entregó una identidad de marca completa a una startup en Serie A antes de que el contrato estuviera contrafirmado. Dos semanas después, el nuevo diseñador interno de la startup reclamó el trabajo como propio. La agencia tenía carpetas de Dropbox con fechas de archivo que asumía que bastarían. No fue así. Las fechas del sistema de archivos se manipulan fácilmente. Los encabezados de correo electrónico pueden falsificarse. Los abogados de la startup tenían una sola pregunta: demuestre que lo creó primero. La agencia no tenía respuesta que satisficiera el estándar de prueba requerido.
Esa disputa le costó a la agencia CHF 38.000 en honorarios legales antes de llegar a un acuerdo, un acuerdo que reflejaba no lo que había ocurrido, sino lo que podía documentarse. La agencia había creado el trabajo. No podía probarlo de una forma que trasladara la carga de la prueba a la otra parte.