En octubre de 2024, una ilustradora de Zurich llamada Lena Steiner descubrio que alguien habia acunado todo su portfolio como una coleccion de NFT en una plataforma de terceros. La coleccion genero CHF 12.000 en ventas de tokens durante un fin de semana. Lena tenia los archivos originales, las fechas de creacion en su almacenamiento en la nube y su historial de publicaciones en tres plataformas. Nada fue suficiente. El comprador exigio prueba de que Lena, y no quien habia acunado los tokens, habia creado las obras. No tenia ninguna prueba que un tribunal aceptara sin impugnacion.
El problema no era la falta de pruebas, sino que ninguno de sus documentos tenia presuncion legal. Todo lo que tenia habia sido generado por ella misma o conservado por una empresa privada bajo sus propios terminos de servicio. Quien acuno los tokens tenia registros en la blockchain. Lena tenia metadatos de archivos. En un procedimiento impugnado, ese desequilibrio es determinante.