"Sellar el archivo" se presenta como una sola acción, pero en realidad son tres cosas distintas que ocurren al mismo tiempo, cada una respondiendo a una pregunta diferente que podría surgir en una disputa posterior. Saber qué hace realmente cada elemento deja claro por qué el resultado se sostiene de una forma que una copia guardada o una captura de pantalla no pueden igualar.
Paso uno: el archivo se somete a hash
Una función de hash criptográfico lee los bytes exactos de su archivo y produce una cadena de longitud fija única para ese contenido. Cambie un solo carácter, un solo píxel, una línea de formato, y el hash resultante será completamente distinto. El hash no almacena ni revela el contenido del archivo. Es una huella digital: nadie puede reconstruir su documento a partir de ella, pero cualquiera que tenga el archivo original puede recalcular el mismo hash y confirmar que coincide.
Paso dos: se añade una declaración
La declaración registra cómo se creó la obra: redactada por una persona, asistida por IA o generada por IA, junto con la categoría que corresponda al contenido. Esto importa por dos razones. Ofrece a futuros lectores, o a un tribunal, un relato honesto elaborado en el momento de la creación en lugar de reconstruido después de memoria. Y, conforme a las obligaciones de transparencia del artículo 50 del Reglamento de IA de la UE, una declaración clara y contemporánea a los hechos es exactamente el tipo de registro que exigen los requisitos de etiquetado.
Paso tres: se emite la marca de tiempo cualificada
El hash y la declaración quedan vinculados a una marca de tiempo emitida por Swisscom Trust Services, un prestador cualificado de servicios de confianza acreditado tanto en virtud de la ZertES en Suiza como de eIDAS en la UE. No se trata del reloj de su dispositivo. Conforme al artículo 41 de eIDAS, una marca de tiempo cualificada goza de una presunción legal de exactitud, tanto respecto a la fecha y hora que muestra como a la integridad de los datos a los que está vinculada. Esa presunción es algo que una simple fecha de modificación de archivo, fijada por el último programa que lo tocó, nunca podrá tener.
Qué queda al final
El resultado es un certificado: un registro del hash, la declaración y la marca de tiempo cualificada, recuperable más adelante a través de un enlace de verificación público. Cualquiera que tenga el archivo original puede recalcular su hash y comprobarlo frente al registro sellado, sin necesidad de iniciar sesión ni de contactar a quien selló el archivo. Si aunque sea un solo byte del archivo ha cambiado desde el momento del sellado, los hashes no coincidirán, y esa discrepancia es en sí misma el resultado de la comprobación.
Nada en este proceso depende de confiar en la plataforma donde el archivo se encuentre hoy. El hash, la declaración y la marca de tiempo cualificada acompañan al registro, con independencia de dónde se almacene o comparta el archivo a continuación.





